Gracias. Sí, empiezo así y el por qué es muy claro: tenías que haber dejado de leer este fic y por no hacerlo, sois las mejores lectoras que un escritor puede tener, de verdad. Sé que en este capítulo he tardado demasiado tiempo en subir y no avisé pero estos días no he tenido ordenador y ahora estoy de viaje y bueno, os dejo un trozo de lo que iba a ser este capítulo. No me ha dado tiempo a acabarlo pero en cuanto vuelva lo haré y lo subiré. Espero que os guste esto y de verdad, que si no, no dudéis en decírmelo. Muchísimas gracias por todo.
**
Salió del coche y corrió hacia la casa de Tom. Miré el reloj. Las siete menos veinticinco, no iba a llegar a tiempo. Antes de arrancar miré por última vez a Dougie. Este estaba intentando abrir la puerta con todas las llaves pero su intención fue nula por lo que decidió llamar. Se removió el pelo y me sonrió.
Salí de la urbanización y paré el coche en una acera para poder llamar a Gabriel y avisarle de mi retraso. Me dijo que no me preocupase, que me estaría esperando en la cafetería del aeropuerto y que tuviese cuidado en la carretera. Con un poco menos de presión, me encaminé al aeropuerto. Cada vez llovía más y los limpiaparabrisas no daban abasto. La carretera estaba totalmente colapsada por el tráfico hasta llegar al desvío para el aeropuerto. Al llegar, aparqué en el parking y antes de salir algo me vino a la cabeza. Dougie se había dejado el bajo en casa. Luego le llamaría. Me encaminé a la cafetería y pude ver a Gabriel. Se dio cuenta de mi presencia y comencé a correr hasta su posición. En menos de un minuto ya estaba abrazada a él como en los viejos tiempos. Le había echado de menos. Tan solo pude comenzar a sonreír como una niña pequeña. Él era como mi hermano mayor, me había ayudado demasiado, tanto en los buenos como en los malos momentos. Nos separamos y me bajó al suelo.
- Pequeña, se te comenzaba a echar de menos.- Dijo sonriendo.
- Feo, se me hace raro hablar español.- Comencé a reírme.- ¿Se me comenzaba?.- Dije enfadada.
- No, se te echaba de menos, rectifico. Echaba de menos tu sarcasmo.
- En fin, me echabas de menos.- Le abracé.- Yo también.
- No cambias.
- Ni lo haré, já. Oye ¿sigues creciendo?
- No sé, yo creo que sí, ya sabes, Ángela me dio un buen entrenamiento y creceré de por vida.
- Creído.
- Modesta.
Comenzamos a reírnos y le pegué en el brazo. Gabriel es perfecto en todos los aspectos. Mide un metro ochenta y cinco. Me saca una cabeza y por eso se ríe de mí. Tiene unos ojos marrones tan profundos que cautivaban a cualquiera, al igual que su sonrisa. Tiene un pelo negro azabache exactamente del mismo color que el mío. Entre los dos formamos ‘El equipo Z’ y no sabemos por qué nos llamamos así, solamente significaba que nuestros cabellos eran del mismo color. Y ya os podéis imaginar el resto; eso es lo de menos porque lo que más me importa en una persona es realmente su forma de ser, y en ese aspecto Gabriel y yo éramos iguales. Teníamos un tipo de conexión inexplicable pero que los dos entendíamos. Los dos competimos en natación hasta que comenzamos a estudiar nuestras carreras y nuestra entrenadora se llamaba así, Ángela. Con él siempre había sido más estricta que con el resto debido a que Gabriel era el mejor del equipo en dos de los cuatro estilos que existen.
Gabriel cogió la maleta y nos dirigimos al parking. Le dije que fuese metiendo las cosas al maletero del coche mientras yo iba a pagar al cajero. No estaba muy lejos del coche, pero si lo suficiente como para poder llamar a Dougie sin que Gabriel me acribillase a preguntas. Saqué el móvil del bolsillo de la sudadera y le busqué en la agenda. Todavía tenía puesto ‘Mister X’, no pensaba cambiarlo. Llame y esperé todos los pitidos posibles hasta que me salió el contestador de Doug. Estaría ocupado, durmiendo o haciendo el bobo por casa de Tom. A los pocos segundos el móvil comenzó a sonar, era Dougie.
- ¡Pecas!.- Dijo animado.
- ¡Dougie!.- Dije riendo.- ¿Qué estabas haciendo tú para no cogerme, eh?
- Tocarme.
- Por favor, eres tonto.
- Hahahaha. No, estaba en la ducha y justo cuando iba a salir para coger el móvil, me he caído y has colgado.- Dijo riéndose.
- Pobrecito… ¿Estás bien?.- Dijo preocupada.
- Sí, solamente me he abierto la cabeza, me he roto la muñeca y me estoy desangrando, pero tú tranquila.
- Te odio.
- Yo también. Cantia, ¿me llamabas para decirme algo, verdad?
- Sí, pero qué pasa, ¿qué no te puedo llamar?
- Por supuesto, a mí no me importa de verdad, me puedes llamar cuando quieras.- Dijo riendo.- Pero se me hace raro que me llames ahora…
- Pues ahora es el momento idóneo. Estoy en el cajero del parking, sola y sin nadie que me pregunte, ‘¿Quién es?’.
- Dougie Poynter al habla.
- Recibido. Te has dejado el bajo en mi casa.
- Es verdad… Da igual, ya paso… ¿pasado mañana te viene bien?
- Por mí puedes venir cuando quieras.
- Pero está Gabriel.
- ¡Qué más da! Pero como quieras.
- Ya paso pasado mejor, ¿voy a eso de las ocho? Es que por la tarde tengo que ir al estudio…
- ¿Por la mañana?
- Pues claro.- Comenzó a reír.
- Vale bien y así me acompañas a la universidad, que entro a las diez.
- Como me utilizas.
- Ya ves… Bueno, me casaré con tu bajo, ¿vale? Es decir, si el martes llegas y no te contesta ni Luna, es porque me he ido con mi marido de vacaciones a Viena.
- Vale, te veo por Viena.
- Que bobo eres.- Dije riendo.- Ey, que te dejo que me tengo que marchar ya para el coche que he dejado a Gabriel hablando solo y sospechará de mi presencia.
- Tranquila, yo voy a acabar de ducharme.
- Hasta pasado mañana torpe.
- ¡Eh! Que no ha sido mi culpa caerme.- Dijo ofendido.
- Tampoco fue la mía caerme en el supermercado.- Dije imitando su voz.
- Que chavala… Que te lo pases bien.
- Lo mismo digo. Un besito.- Dije feliz.
- Que buena eres…
Colgó y comencé a caminar hacia el coche. Tenía que contar demasiadas cosas a Gabriel. Al llegar, Gabriel me miró haciéndose en el ofendido y entré en el coche.
- Pequeña, ¿qué te has perdido de camino al cajero?
- Algo parecido, había mucha gente.
Ambos comenzamos a reír y Gabriel puso la radio. Sonaba jazz y eso hizo que me relajase. Durante el camino nuestras conversaciones variaban drásticamente. Me estuvo contando algunas anécdotas de España. Me dijo que había estado saliendo con una chica de la universidad durante tres meses, pero que lo habían dejado hacía escasamente un mes porque según ella eran ‘completamente distintos’ y obviamente, sacó el tema de mis relaciones. Él ya había sido informado sobre el bonito final de mi relación con aquel… bueno, calificativo aparte, gracias a Internet y sus queridas redes sociales, pero el tema Dougie sería hablado seriamente en el sofá de casa acompañados por unas cuantas cervezas. También me contó que estuvo hablando con Silvia por la noche y que le dijo que me dijese que dentro de dos meses vendría a visitarme. Tenía claro que en verano iría a España, concretamente a Santander, mi ciudad. Echaba de menos demasiadas cosas pero también he de admitir que la independencia y Londres están muy bien.
Hubo un momento en el que Gabriel sacó su iPod y puso la canción indicada para que comenzase a pensar absolutamente en todo. Sonaba ‘Only One’ de Yellowcard. Esa canción la había escuchado varias veces acompañada de Adriana, una verdadera amiga, ycreo que esa letra había marcado nuestros dieciséis años de una manera impresionante.
Eran las ocho menos veinte y todavía no habíamos llegado a casa. Gabriel dio la idea de ir a cenar a un McDonald’s, en realidad no me apetecía cocinar nada y si hubiésemos acabado cenando en casa, probablemente Gabriel habría tenido que cenar la tortilla de la noche pasada y yo me hubiese con un simple vaso de leche. Fuimos a un McDonald’s cercano a la carretera y cogimos la cena en el McAuto. Quince minutos después ya estábamos en casa, tirados en el sofá con la MTV puesta, hablando por teléfono con Silvia, gracias al manos libres, y cenando nuestra sana cena acompañados de unas cervezas y la encantadora mirada de Luna. La conversación no pasó de temas tontos y de frases con doble sentido por parte de Silvia como ‘espero que no hagáis ninguna locura sin mí’ o ‘sed responsables y adultos y no hagáis tonterías por la noche’, nada raro comparado con las idioteces sumamente incoherentes que solía decir bajo los estragos causados por el alcohol. Di las gracias a Silvia de que no hubiese sacado el tema de Dougie, prefería contárselo yo.
Entre los tres, no parábamos de reír y de recodar los buenos tiempos una y otra vez pero nada más colgar a Silvia recibí una llamada de mis padres. Llevaba sin hablar con ellos cuatro días y eso era totalmente extraño. Les conté lo mismo de siempre y añadí la pequeña visita de Gabriel. También les dije que en menos de tres meses me tendrían de vuelta en casa y que diesen recuerdos a toda la familia pero antes de despedirme, tuve mi maravillosa conversación con mi padre. Siempre sabe sacarme una sonrisa y hacer ver la realidad tal y como es pero ante todo, me había enseñado a ser yo y a saber cometer un error, aprender la lección y levantarme a cada caída. Es un gran apoyo para mí y siempre lo será, pase lo que pase.
Acabamos de cenar y entre los dos intentamos dejar el salón y la cocina lo más recogido posible. Gabriel me miró y ambos sonreímos mientras cogía dos packs de cervezas. Esa noche iba a acabar siendo demasiado sincera. Nos sentamos en el sofá y Gabriel bajó el volumen de la televisión.
- Cantia, cuéntame eso que me tienes que contar.
- Eh… ¿Cómo sabes que te tengo que contar algo?.- Pregunté extrañada.
- Tengo telepatía, ¿no lo sabías?.- Dijo son sarcasmo.- Pues a ver, te conozco desde hace ocho años y sé que algo te pasa por esa cabeza y además, somos tres.
Vale, ya decía yo que era raro que Silvia no le hubiese dicho nada, al fin y al cabo tenía razón, somos tres. Creo que comencé a contarle todo empezando por el final, es decir, la última llamada de Dougie.
**
sábado, 20 de agosto de 2011
jueves, 11 de agosto de 2011
Capítulo VI. (Sé que lo subí, pero lo borré sin querer)
Era un pequeño local pero a la vez acogedor. Tenía un pequeño camino hecho de piedras que conducían a la entrada y estaba rodeado de pequeñas flores de colores.
Llegamos y al entrar, nos sentamos en una mesa que había al fondo, un poco apartada de las demás. El bar no es que estuviese lleno pero Doug, por si acaso, mandó que pusiesen un biombo al lado de la mesa. Dougie fue rápido y sacó la silla para que pudiese sentarme. Me quitó la chaqueta y la colocó en el respaldo de la silla. Me quedé observando cada movimiento y cada sonrisa que me dedicaba.
- Dougie, que no hace falta, ¿eh? Que no soy manca.- Dije a la vez que reía.
- Jo, es que me apetecía hacerlo...
- Lo tuyo no tiene solución.- Dije todavía riéndome.
Cogió la única 'carta', si se puede llamar así al papelito que está detrás de las servilletas en los bares, y comenzó a leer a la vez que ponía caras y decía tonterías.
- Cuando quieras me dejas escoger la comida y tal...
- Oh no pecosa...- Dijo con picardía.
Seguidamente llamó al camarero y pidió por los dos. No pude escuchar lo que me había pedido ya que Doug parecía hablar en clave con éste.
- ¿Por qué no me has dejado pedir a mí?.- Dije a la vez que ponía una cara triste.
- Porque lo que te he pedido yo te gustará más.
Parecía que la sonrisa se había quedado instalada en su cara durante toda la tarde. Tenía un brillo en sus ojos especial y con cada mirada hacía que la mía bajase hasta fijarla en el suelo.
- Bueno, ¿y cuál es tu comida favorita?
- hahahahahhaha ¡Bien! Pues no sé... me gusta mucho el chocolate, como a la mayoría de las personas, pero me quedaría con la tortilla de patata española de mi madre.
- 'Tortilla' , la probé la última vez que viajamos a España y podría decirse que también es la mía, aunque me gustaría probar la de tu madre...
Comenzamos a reírnos a la vez. No nos habíamos percatado de que el camarero ya había llegado con la bebida.
- ¿A qué la bebida te gusta? Vamos, su color.....- Me dijo sonriendo.
- ¡Sí! Es muy, muy, muy original. Pero, una pregunta, ¿qué es?- Dije a la vez que cogía la pajita y daba un sorbo a la bebida.
- Pues a ver empiezo. Coca-Cola, Fanta de naranja, Fanta de limón, Nestea y hielo.
- ¿Qué, qué? ¡Alaa! Pues está buenísimo.
- Ya lo sé. Captain Dougwash tener buenas ideas.
Al acabar esa frase hizo que un hilo de baba recorriese su barbilla. Le miré y comencé a reírme como nunca lo había hecho. Doug se limpió y me sonrió sacándome la lengua.
Unos minutos más tarde, llegó el camarero con la comida. Sí eso, la comida. Antes de que pudiera ver de que consistía la que sería mi comida, Doug se levantó y me tapó los ojos con las manos. Se acercó a mi cuello y susurró un 'te va a encantar' que hizo que todos mis sentidos se activasen por completo.
Me vendó los ojos con la servilleta que había encima de la mesa y cogió lo que había en el plato. Me lo acercó a la boca y mordí un cacho. Sabía dulce y era un sabor que nunca antes había degustado. Yo no soy de esas personas que no son capaces de probar nuevas comidas y dar al paladar un sabor al que no estuviese acostumbrado.
-¿Te ha gustado?.- Me preguntó.
- ¡Sí! Dime qué es anda...
Dougie me quitó la servilleta que vendaban mis ojos y me sonrió. Bajé la mirada hasta mi plato y pude ver que era un sándwich... un sándwich de... no sabía que era.
- Um... Un sándwich... Elemental... ¿Me podrías decir de qué está hecho?.- Dije guiñándole un ojo.
- No puedo hacerlo pero con eso que acaba de hacer usted, pecosa, no puedo negarme. Veamos... Esta exquisitez que usted a podido degustar es un sándwich inventado por Tom y Dougie en sus momentos de aburrimiento, que dan lugar a nuevos experimentos.- Dijo moviendo la cabeza con cierta superioridad.- Esta compuesto por miel, mermelada de melocotón, trozos de galleta y magdalena y sirope de chocolate.
Acabó esa frase con la mirada fija puesta en mí y una sonrisa.
- Pues me gustaría decirle a usted, que este sándwich es el mejor que jamás haya probado.- Dije sonriéndole.
Comimos entre risas y silencios que acababan en pequeñas competiciones de quien aguantaba más tiempo sin reírse. Siempre ganaba él porque sus caras y movimientos no ayudaban para nada en mantenerse callado y mucho menos en poder encontrar la concentración. Acabamos el sándwich y el camarero vino con nuestro postre, un 'petit-suis' de fresa.
- Dougie, ¡Petit-suiseeees!.- Dije sonriendo como una niña pequeña.
- Sabía que te gustaría este postre porque a mí me encanta.
Al acabar de hablar cogió el petit-suise y lo abrió. No cogió la cuchara, solamente se dedicó a lamerle como si tuviese siete años. Al acabar me miró y sonrió.
- Jo, que lenta eres... ¡Dámele a mí!.- Dijo poniendo pucheritos.
- No es que sea lenta, es que sé comer con tranquilidad y como una persona adulta, no como tú pequeñín.- Dije cogiéndole una mejilla. Sí, como las señoras mayores.
- ¡Ala lo qué me ha dicho la pecosa esta! Ya verás...
No me dio tiempo a reaccionar. Dougie había cogido mi petit-suise y había untado su dedo en él para después mancharme la nariz.
- Te queda muy bien ese nuevo maquillaje.- Dijo riéndose.
- ¡Já! La guerra acaba de empezar.- Dije frotándome las manos.
Cogí el petit-suise de la mesa y le pinté un bigote, unas gafas y pecas por la cara.
- ¡Voy a verme al espejo!.
Me sonrió y fue corriendo al baño. Llegó y me sonrió picaramente.
- Me gusta como pintas Pecas.- Dijo sacándome la lengua.- Pero este momento hay que inmortalizarle con una foto.
Sacó su iPhone y nos sacamos la foto. Yo salía sonriendo y él sacando la lengua.
- Será mi fondo de pantalla desde ahora.
- Jo, pues yo también quiero que sea el mío, jum.- Dije poniendo pucheritos.
- No llores enana, lo será.
Nos miramos y comenzamos a reírnos como siempre que pasaba eso. Nos limpiamos la cara con las servilletas y Dougie pidió la cuenta al camarero.
- ¿No pretenderás pagar tú, no?
- Pues sí. ¿Algún problema, eh, eh ,eh?.- Dijo poniendo voz de macarra.
- Pues sí. Que la que ha dado la idea de venir a comer he sido yo y pienso pagar yo.
Me levanté de la mesa y eché a correr hacia la barra. Dougie enseguida hizo lo mismo y al alcanzarme me cogió de la cintura y me paró en seco. Acercó su boca a mi oído.
- Soy yo el mayor y el capitán, pago yo enana.
- Esto no se queda así.- Le dije desafiante.
Dicho esto cogió su cartera y pagó la comida. Volvimos a la mesa y cogimos nuestras cosas. Salimos del bar y Dougie me sonrió.
- Son las cuatro y media. ¿Qué quieres hacer?
- Pues... tengo descargada una película que me apetecía ver esta tarde en casa, ¿vienes?
- Aceptaré encantado. Además, en tu casa no hay peligro, ¿no?.- Dijo sonriendo.
- Sí, está mi perra así que cuidadín.
- Me portaré bien. No quiero morir tan joven.
- Mira que eres...
Me miró y me tocó la nariz. Eso hizo que arrugase la cara y Dougie se rió.
- Pero que graciosa eres.- Dijo sonriéndome.
Comenzamos a andar rumbo a mi casa. Dougie sacó su móvil y puso los cascos. Me pasó uno y puso música. Durante todo el camino estuvimos escuchando a Blink. Conocía ese grupo gracias a él y realmente me encantaba su música. Doug se pasó todo el camino cantando las canciones en bajo y de vez en cuando me miraba y sonreía. Pero en una de ellas pudimos fundir nuestras voces. Su canción favorita, ' Don't tell me that It's over'. Dougie y yo comenzamos a cantar en alto y a hacer el bobo por la calle. Menos mal que no había mucha gente por aquellas calles y la mayoría no reconocía a Doug porque de no ser así, nos hubiesen arrestado por el típico 'exceso de decibelios'. Solamente vinieron dos fans de unos doce años a pedirle un autógrafo.
- No sabía que te gustase Blink... por cierto, cantas genial.- Me dijo sonriendo y mostrando una cara de alegría un tanto especial.
- Escucho su música gracias a ti. Es lo que tiene ser McFlyer, sabes todos los gustos de tus cuatro ídolos.- Le dije sonriendo.
- En serio, cada vez me sorprendes más.
Nos miramos y me sonrió feliz. Comencé a ruborizarme y él pudo notarlo porque seguidamente bajó la mirada y sonrió.
**
Llegamos y al entrar, nos sentamos en una mesa que había al fondo, un poco apartada de las demás. El bar no es que estuviese lleno pero Doug, por si acaso, mandó que pusiesen un biombo al lado de la mesa. Dougie fue rápido y sacó la silla para que pudiese sentarme. Me quitó la chaqueta y la colocó en el respaldo de la silla. Me quedé observando cada movimiento y cada sonrisa que me dedicaba.
- Dougie, que no hace falta, ¿eh? Que no soy manca.- Dije a la vez que reía.
- Jo, es que me apetecía hacerlo...
- Lo tuyo no tiene solución.- Dije todavía riéndome.
Cogió la única 'carta', si se puede llamar así al papelito que está detrás de las servilletas en los bares, y comenzó a leer a la vez que ponía caras y decía tonterías.
- Cuando quieras me dejas escoger la comida y tal...
- Oh no pecosa...- Dijo con picardía.
Seguidamente llamó al camarero y pidió por los dos. No pude escuchar lo que me había pedido ya que Doug parecía hablar en clave con éste.
- ¿Por qué no me has dejado pedir a mí?.- Dije a la vez que ponía una cara triste.
- Porque lo que te he pedido yo te gustará más.
Parecía que la sonrisa se había quedado instalada en su cara durante toda la tarde. Tenía un brillo en sus ojos especial y con cada mirada hacía que la mía bajase hasta fijarla en el suelo.
- Bueno, ¿y cuál es tu comida favorita?
- hahahahahhaha ¡Bien! Pues no sé... me gusta mucho el chocolate, como a la mayoría de las personas, pero me quedaría con la tortilla de patata española de mi madre.
- 'Tortilla' , la probé la última vez que viajamos a España y podría decirse que también es la mía, aunque me gustaría probar la de tu madre...
Comenzamos a reírnos a la vez. No nos habíamos percatado de que el camarero ya había llegado con la bebida.
- ¿A qué la bebida te gusta? Vamos, su color.....- Me dijo sonriendo.
- ¡Sí! Es muy, muy, muy original. Pero, una pregunta, ¿qué es?- Dije a la vez que cogía la pajita y daba un sorbo a la bebida.
- Pues a ver empiezo. Coca-Cola, Fanta de naranja, Fanta de limón, Nestea y hielo.
- ¿Qué, qué? ¡Alaa! Pues está buenísimo.
- Ya lo sé. Captain Dougwash tener buenas ideas.
Al acabar esa frase hizo que un hilo de baba recorriese su barbilla. Le miré y comencé a reírme como nunca lo había hecho. Doug se limpió y me sonrió sacándome la lengua.
Unos minutos más tarde, llegó el camarero con la comida. Sí eso, la comida. Antes de que pudiera ver de que consistía la que sería mi comida, Doug se levantó y me tapó los ojos con las manos. Se acercó a mi cuello y susurró un 'te va a encantar' que hizo que todos mis sentidos se activasen por completo.
Me vendó los ojos con la servilleta que había encima de la mesa y cogió lo que había en el plato. Me lo acercó a la boca y mordí un cacho. Sabía dulce y era un sabor que nunca antes había degustado. Yo no soy de esas personas que no son capaces de probar nuevas comidas y dar al paladar un sabor al que no estuviese acostumbrado.
-¿Te ha gustado?.- Me preguntó.
- ¡Sí! Dime qué es anda...
Dougie me quitó la servilleta que vendaban mis ojos y me sonrió. Bajé la mirada hasta mi plato y pude ver que era un sándwich... un sándwich de... no sabía que era.
- Um... Un sándwich... Elemental... ¿Me podrías decir de qué está hecho?.- Dije guiñándole un ojo.
- No puedo hacerlo pero con eso que acaba de hacer usted, pecosa, no puedo negarme. Veamos... Esta exquisitez que usted a podido degustar es un sándwich inventado por Tom y Dougie en sus momentos de aburrimiento, que dan lugar a nuevos experimentos.- Dijo moviendo la cabeza con cierta superioridad.- Esta compuesto por miel, mermelada de melocotón, trozos de galleta y magdalena y sirope de chocolate.
Acabó esa frase con la mirada fija puesta en mí y una sonrisa.
- Pues me gustaría decirle a usted, que este sándwich es el mejor que jamás haya probado.- Dije sonriéndole.
Comimos entre risas y silencios que acababan en pequeñas competiciones de quien aguantaba más tiempo sin reírse. Siempre ganaba él porque sus caras y movimientos no ayudaban para nada en mantenerse callado y mucho menos en poder encontrar la concentración. Acabamos el sándwich y el camarero vino con nuestro postre, un 'petit-suis' de fresa.
- Dougie, ¡Petit-suiseeees!.- Dije sonriendo como una niña pequeña.
- Sabía que te gustaría este postre porque a mí me encanta.
Al acabar de hablar cogió el petit-suise y lo abrió. No cogió la cuchara, solamente se dedicó a lamerle como si tuviese siete años. Al acabar me miró y sonrió.
- Jo, que lenta eres... ¡Dámele a mí!.- Dijo poniendo pucheritos.
- No es que sea lenta, es que sé comer con tranquilidad y como una persona adulta, no como tú pequeñín.- Dije cogiéndole una mejilla. Sí, como las señoras mayores.
- ¡Ala lo qué me ha dicho la pecosa esta! Ya verás...
No me dio tiempo a reaccionar. Dougie había cogido mi petit-suise y había untado su dedo en él para después mancharme la nariz.
- Te queda muy bien ese nuevo maquillaje.- Dijo riéndose.
- ¡Já! La guerra acaba de empezar.- Dije frotándome las manos.
Cogí el petit-suise de la mesa y le pinté un bigote, unas gafas y pecas por la cara.
- ¡Voy a verme al espejo!.
Me sonrió y fue corriendo al baño. Llegó y me sonrió picaramente.
- Me gusta como pintas Pecas.- Dijo sacándome la lengua.- Pero este momento hay que inmortalizarle con una foto.
Sacó su iPhone y nos sacamos la foto. Yo salía sonriendo y él sacando la lengua.
- Será mi fondo de pantalla desde ahora.
- Jo, pues yo también quiero que sea el mío, jum.- Dije poniendo pucheritos.
- No llores enana, lo será.
Nos miramos y comenzamos a reírnos como siempre que pasaba eso. Nos limpiamos la cara con las servilletas y Dougie pidió la cuenta al camarero.
- ¿No pretenderás pagar tú, no?
- Pues sí. ¿Algún problema, eh, eh ,eh?.- Dijo poniendo voz de macarra.
- Pues sí. Que la que ha dado la idea de venir a comer he sido yo y pienso pagar yo.
Me levanté de la mesa y eché a correr hacia la barra. Dougie enseguida hizo lo mismo y al alcanzarme me cogió de la cintura y me paró en seco. Acercó su boca a mi oído.
- Soy yo el mayor y el capitán, pago yo enana.
- Esto no se queda así.- Le dije desafiante.
Dicho esto cogió su cartera y pagó la comida. Volvimos a la mesa y cogimos nuestras cosas. Salimos del bar y Dougie me sonrió.
- Son las cuatro y media. ¿Qué quieres hacer?
- Pues... tengo descargada una película que me apetecía ver esta tarde en casa, ¿vienes?
- Aceptaré encantado. Además, en tu casa no hay peligro, ¿no?.- Dijo sonriendo.
- Sí, está mi perra así que cuidadín.
- Me portaré bien. No quiero morir tan joven.
- Mira que eres...
Me miró y me tocó la nariz. Eso hizo que arrugase la cara y Dougie se rió.
- Pero que graciosa eres.- Dijo sonriéndome.
Comenzamos a andar rumbo a mi casa. Dougie sacó su móvil y puso los cascos. Me pasó uno y puso música. Durante todo el camino estuvimos escuchando a Blink. Conocía ese grupo gracias a él y realmente me encantaba su música. Doug se pasó todo el camino cantando las canciones en bajo y de vez en cuando me miraba y sonreía. Pero en una de ellas pudimos fundir nuestras voces. Su canción favorita, ' Don't tell me that It's over'. Dougie y yo comenzamos a cantar en alto y a hacer el bobo por la calle. Menos mal que no había mucha gente por aquellas calles y la mayoría no reconocía a Doug porque de no ser así, nos hubiesen arrestado por el típico 'exceso de decibelios'. Solamente vinieron dos fans de unos doce años a pedirle un autógrafo.
- No sabía que te gustase Blink... por cierto, cantas genial.- Me dijo sonriendo y mostrando una cara de alegría un tanto especial.
- Escucho su música gracias a ti. Es lo que tiene ser McFlyer, sabes todos los gustos de tus cuatro ídolos.- Le dije sonriendo.
- En serio, cada vez me sorprendes más.
Nos miramos y me sonrió feliz. Comencé a ruborizarme y él pudo notarlo porque seguidamente bajó la mirada y sonrió.
**
Holaa! :D Lo primero, sé que os prometí subir el siguiente hace muchos días pero no me funcionaba el Blog y no pude subir nada D: Lo siento de verdad, lo siento mucho.
Os doy las gracias de todo corazón por leer este fic. Es muy importante para mí vuestro apoyo, de verdad.
Y nada más que decir, que espero que os guste tanto como a mí escribirlo ^^
Os quiero, gracias :)
Os doy las gracias de todo corazón por leer este fic. Es muy importante para mí vuestro apoyo, de verdad.
Y nada más que decir, que espero que os guste tanto como a mí escribirlo ^^
Os quiero, gracias :)
miércoles, 10 de agosto de 2011
Capítulo X
He vuelto. Siento haber tardado diez días en subir pero como ya expliqué en el capítulo anterior, mis ideas eran confusas. Gracias a todas las que leéis esta historia, mil gracias. Y gracias a esas personas que me apoyan cada día.
**
Volví a tocar de nuevo, tal y como él me había dicho. Sonaba perfecto. Dejé el bajo en el asiento libre del sofá y observé a Dougie. Estaba mirándome con una sonrisa en la cara. Sus ojos brillaban.
- Impresionante.
- Si bueno… no veas.- Dije sacándole la lengua.
- Hazme caso o te saldrán más pecas.- Dijo guiñándome un ojo.
- ¡No por favor!.- Dije riéndome a la vez que me levantaba del sofá.
- ¿Se puede saber a dónde va usted señorita?
- Idiota mío, son las nueve menos cuarto de la mañana. Al levantarme tan pronto, es como si serían las doce de un domingo normal. Luna necesita salir a hacer eso.
- ¿Eso?.- Dijo riendo.
- Que cachondo eres… - Dije negando con la cabeza.
- Sí, ya lo sabía. No tardes mucho que si no, habrá consecuencias.- Dijo intentando intimidarme.
- Creo que eres la única persona que he conocido hasta el momento que consigue intimidarme. Me das miedo.
- Me siento alagado.- Dijo guiñándome un ojo y sonriendo.
Subí las escaleras y fui al baño. Me lavé los dientes. Todavía tenía el pelo un poco húmedo y despeinado. Me lo sequé un poco y me lo alisé. Sabía que estaba lloviendo y que se me ondularía pero me apetecía dejar que las ondas desapareciesen por un momento de mi melena. Habían pasado una media hora desde que había subido y se me hacía raro que Luna no hubiese salido. Algo pasaba. Fui a mi habitación y abrí el armario. Decidí ponerme unos pitillos claros y una sudadera roja de ‘Duff’ con una simple básica blanca debajo. Esa sudadera me traía demasiados recuerdos de España junto con Silvia. Me puse unas converse negras y me eché colonia. Tenía una pequeña balda llena de ellas, me encantaban. Bajé las escaleras y el panorama que había en el salón era muy cómico. Dougie se había quedado dormido en el sofá y Luna estaba en su regazo haciendo lo mismo que él. Doug tenía la boca abierta y dejaba caer su brazo izquierdo fuera del sofá. Llamé a Luna silenciosamente. Bajó y la cogí en brazos. Fui hasta la cocina y allí la puse unas cuantas galletitas para perro. Volví al salón y me remangué las mangas de la sudadera. Me tumbé poco a poco encima de él y soplé levemente cerca de su boca. Dougie abrió uno de sus ojos y me sonrió.
- Eres un rancio. Te duermes por los rincones.- Dije sonriéndole.
- No, ahí te equivocas. Te dije que habría consecuencias.- Dijo riendo.
- Ah, ¿qué esta ha sido la consecuencia?
Me intenté levantar del sofá pero no pude. Dougie puso una de sus manos en mi espalda y me volvió a tumbar.
- No, al principio tenia pensado hacer otra cosa pero tardabas demasiado y me aburría así que…
- A saber lo que tenías pensado hacer al principio…
- Nunca lo sabrás.
- Pues me enfado. Por cierto, ¿me dejas levantarme?
- Pues enfádate. ¿Y si no me apetece a mí que te levantes?
- Pues habrá consecuencias.
- Me apetece ver esas consecuencias.
- Uy… Yo creo que no, son muy agresivas.
- Da igual me apetece verlas.
- Tío, eres masoca. Me da pena hacerlo pero… tú lo has querido.
Le miré y guiñé un ojo. Doblé una de mis rodillas y le di un pequeño rodillazo. Sí, en WillyLand. Rápidamente me levanté y me tapé la boca con las manos. Dougie comenzó a jurar y a moverse a lo largo del sofá.
- Perdón, perdón, perdón.
- ¡Joder lo qué tiene que hacer uno! ¡Joder!
- Te avisé.- Dije sin poder contener la risa.
Se levantó del sofá y vino donde mí para darme un abrazo. Que simple era.
- Dougie, ¿se puede saber el motivo de esta situación?.- Dije riéndome.
- Pues porque así se me pasa el dolor y el enfado de Willy y porque me apetece.- Dijo dándole más énfasis a ese abrazo y haciendo que mis pulmones captasen un pequeño porcentaje de lo necesario para poder respirar.
- Doug, si sigues apretando más, creo que comenzaré a híperventilar.
- Y te tendré que hacer el boca a boca. Um… creo que seguiré apretando.
- Por favor, me muero en el momento y no quiero hacerlo sin antes conocer a los otros tres.
- Hahahahahaha vale, te suelto. No te mueras.- Dijo sonriendo.
Fui a la cocina siendo seguida por Doug y preparé a Luna para sacarla. Antes de salir cogí las llaves, el móvil y un poco de dinero mientras Dougie se ponía su cazadora. Salimos y al salir del portal noté el frío y la humedad en mi cara. Dougie me miró y me sonrió. Se puso sus gafas y se levanto el cuello de la cazadora. Yo me puse la capucha y metí las llaves y el móvil en el bolsillo de la sudadera.
- Vayamos de camuflaje. Somos ninjas.
- Dougie, sí.
Ambos comenzamos a reír a la vez que caminábamos a lo largo de la calle. No había demasiado ambiente en las calles, ni por parte humana ni por el tráfico. Se notaba que era domingo, temprano y que el tiempo no acompañaba para nada. Todos los establecimientos estaban cerrados por aquella zona excepto una pequeña cafetería. Vendían cafés para llevar pero la entrada a perros no estaba permitida. Dougie se ofreció a entrar a la cafetería pero veía sus intenciones, quería pagar él, así que él se quedó fuera con Luna y yo entré. Había dos ancianos leyendo el periódico y tomando un café y dos mujeres, no muy entradas en edad, intercambiando ‘chismes’ entre ellas animadamente. Me acerqué a la barra y a los pocos segundos, una mujer joven me atendió. Pedí dos cafés y pagué. La mañana fue tranquila y divertida. Durante el paseo, algunas fans reconocieron a Dougie y, como es obvio, le pidieron que se echara unas fotos con ellas y que las firmara un autógrafo. Me sentía extrañamente observada y las miradas variaban. Había desde las más tranquilas y dulces, hasta las más brutales y asesinas. Por lo demás, el paseo fue tranquilo, ameno y divertido. Doug había recibido algunas llamadas y me comentó que todas ellas habían sido de Tom. Esa noche habían quedado todos para cenar en un famoso restaurante de Londres aprovechando la noticia del compromiso de Tom y Giovanna.
- Si alguno de ellos sabe quién soy, felicítales de mi parte.
- Tranquila que lo haré.- Dijo Dougie sonriendo.
Eran las doce del mediodía cuando llegamos al portal. La mañana había aguantado sin llover pero pronto comenzaría a hacerlo. El cielo cada vez se tornaba más de un gris oscuro.
- Quédate a comer.- Dije con una sonrisa.
- Cantia, creo que ya he sido demasiada molestia por hoy, pero gracias.- Dijo tocándose la nuca.
- Que no bobo. Solo me has despertado demasiado temprano un domingo, no es nada.
- Se nota el sarcasmo en tu voz pecosa.
- Dougie, que te lo digo en serio, quédate. Te invitaría a comer un pincho a un bar al que suelo ir los viernes por la noche a escuchar nuevos grupos.- Dije riendo.- Seguro que te gusta su bocadillo de jamón y queso.
- Eso no lo dudes. Oye, pues un día me tienes que llevar contigo.
- Eso no lo dudes.
- No me copies.
- No lo hago.
- Si lo haces.
- No. Quédate a comer.
- No hay quien te gane.- Dijo suspirando.
- Sí, soy muy cabezota.
- Se ve.
- ¿Te quedas o no?
- No me puedo negar.
Sonreí y entramos al portal. No sé por qué, pero acepté a subir en el ascensor con él. Dougie comenzó a pulsar todos los botones y el ascensor no paró de subir y bajar hasta que Doug se cansó y pulsó el adecuado. No podía parar de reír.
- Eres demasiado.- Dije aún riendo.
- Soy Dougie, señorita, Dougie Poynter.
Llegamos a casa y Dougie se tiró en el suelo. Quité a Luna su correa y rápidamente corrió hacia él.
- Pecosa, creo que Luna se ha enamorado de mí.
- Sí, es que le van los humanos.
- Me casaré contigo.- Dijo mirando a Luna.
- Por favor, tú ya estás casado con Harry. Dougie, poligamia no.- Dije riendo.
- Jo, es verdad… me divorciaré de él.
- ¿Estás tonto? Pudd es para siempre.
- Sí… eso es verdad. Luna lo siento pero lo nuestro es imposible.- Dijo intentando llorar.
Le miré y ambos comenzamos a reír. Fui a la cocina mientras Dougie iba al salón y ponía MTV. Volvió a la cocina y al entrar se remangó las mangas de su camisa.
- Cocinemos.
- Así me gusta, con ese espíritu.- Dije riendo.
- Hagamos macarrones. Macarrones con muuuuuucho tomate. Repito, muuuucho.
- Vale. Hagamos macarrones con muuuuuucho tomate.
- ¡Bien!.- Dijo saltando.
- Infantil.
- Pecosa.
- Reptil.
- Eso es un halago. Patosa.
- ¿Todas tus palabras acaban en -osa?
- Sí. Osa.
Fui donde él y le di en el brazo. Dougie me sacó la lengua y después se hizo el ofendido.
- Eres bipolar.
- Y tú muy graciosa.- Dijo sonriendo.
Dougie fue abriendo cada armario en busca de los macarrones hasta que al fin los encontró. Yo mientras llené la cazuela con agua y lo puse en la vitrocerámica. Mientras el agua comenzaba a hervir y yo iba echando los macarrones, Dougie preparaba la mesa en el salón. Sí, raras veces comía en la cocina y al parecer, él también. Al llegar, Doug comenzó a hacer ruidos raros e hizo que me sentara en una silla mientras él se ocupaba de los macarrones.
- Lo puedo hacer yo solita. No tengo siete años.
- Me hace ilusión hacerlos yo. Y sí, tienes siete años.
- Entonces tú tienes once.
- Sigo siendo mayor que tú.
Comenzó a reírse mientras yo le observaba de una manera extraña. Fue a la nevera y sacó el tomate a la vez que sacaba de un cajón una cuchara de palo.
- Ya veo que sabes dónde están las cosas.
- Sí, es lo que tiene abrir todo los armarios en busca de algo que no encuentras.
- Que listo eres.
- Ya lo sabía.
- Viva el ego.
- Que sepas que me sigues con la mirada. Miedo.
- Es que quiero tenerte vigilado. Nunca se sabe lo que puedes acabar haciendo.
- Cosas malas y perversas.
- Yo nunca me equivoco.
Los dos comenzamos a reír y Dougie apagó el fuego. Pasó los macarrones a un bol y fue al salón.
- Dougie, ¿y el tomate?
- Mola más si lo echas directamente en el plato, ya verás.
- Tú y tus mezclas.
- Ajá.
Fuimos al salón y nos servimos. Durante la comida Dougie no dejó de hacer tontería y guarradas. Él fue el que me echó medio bote de tomate en los macarrones y quién me enseñó a comerlos uno a uno con los dedos. Según él, si hacías ruido eras aún mejor y si comías con las manos, disfrutabas aún más. En uno de sus arrebatos, cogió el bote y su boca se adueñó del tomate restante. Dougie me ofreció de su lengua pero yo no pude hacer otra cosa que reírme. Después de recoger todo, no sé como pasó que Dougie y yo nos quedamos dormidos en el sofá. Al despertarnos todo era demasiado embarazoso. Yo estaba recostada en una esquina del sofá mientras que Dougie estaba tirado todo lo que era de largo en él y su cabeza reposaba tranquilamente en mis piernas. Miré el reloj que había encima de una de las estantería y pegué un salto. Las seis y cuarto. Dougie calló al suelo y yo comencé a preparar el bolso.
- Vale, no te preocupes por mí.- Dijo haciéndose el ofendido.
- Lo siento, jobar, nos hemos quedado dormidos y tengo que ir a recoger a Gabriel al aeropuerto a las siete menos cuarto.- Dije mientras me calzaba.
- ¿Gabriel?.- Dijo extrañado.
- Sí. Es mi mejor amigo y viene hoy de España. Solo se queda un día pero es bastante. Llevamos demasiado tiempo sin vernos.
- Ah… no lo sabía. Sí, yo también tenía que ir a casa de Tom a las siete o por ahí.- Dijo con un tono serio.
- Dougie, ¿te pasa algo?
- No, tranquila. Bueno, te espero en la puerta.
- Vale…
Fui al baño y me peiné. Me dirigí al salón y metí las llaves del coche al bolso. Salimos y bajamos andando las escaleras. Estaba lloviendo demasiado. Me puse la capucha de la sudadera, pero no ayudó demasiado. La temperatura habíha bajado notablemente y mi cara fue la primera en notarlo. Dougie me acercó a su cuerpo y me tapó un poco con su cazadora. Podía respirar su aroma y sentir su calor. Le guié hasta la calle donde se encontraba el coche. No estaba muy lejos pero tampoco éramos impermeables.
- Bueno Cantia, yo me voy para casa de Tom.
- No Dougie, deja que te acerque hasta allí.
- Está un poco lejos… a quince minutos en coche y luego tienes que ir al aeropuerto… no vas a llegar a tiempo.
- Que sí joder. ¿Tú has visto cómo llueve?
- Ya pero paso de que llegues tarde…
- Y yo paso de que estés malo dos semanas, ¿sabes?
- Cantia…
- Dougie, sube ya al maldito coche que parecemos idiotas hablando en medio de la calle mientras llueve como si nunca lo hubiese hecho y en frente de mi coche.
- Quizá lo seamos… Joder, no hay quien te gane.
- Gracias.- Dije sonriendo.
Entramos al coche y puse el aire acondicionado. Arranqué el coche y puse ‘There is noting left to lose’ en el reproductor. Era el primer disco de los Foo Fighters que mi padre me había regalado. Tenía doce años pero para mi padre era su favorito.
- ¿Te gustan los ‘Foo Fighters’?.- Preguntó extrañado.
- Sí, mi padre me regaló este disco el años pasado. Es su favorito.
- Son geniales.- Dijo sonriendo.
- Dougie, me tienes que ir guiando hacia casa de Tom. Por desgracia no sé donde vive.
- Shhh… Yo ya te voy diciendo pero después todo habrá sido cosa de tu imaginación y no sabrás nada.
- Em… sí.
Comenzamos a reírnos y Dougie comenzó a cantar http://www.youtube.com/watch?v=1VQ_3sBZEm0&ob=av2e . En algunas partes de la canción le seguía y Doug no hacía otra cosa que sonreír. Durante el camino estuvimos hablando de temas muy variados. Desde la gira de ATN hasta mi última relación. Había estado saliendo hasta hace cinco meses con un compañero de la facultad. Le dieron una beca para estudiar en Liverpool durante un trimestre y cuando volvió me dijo, tan tranquilo, que había estado saliendo con otra chavala allí.
Llegamos a la urbanización donde vivía Tom y Dougie me indicó donde aparcar. Miré el reloj. Eran las siete menos veinticinco.
- Muchas gracias pecas.
- No me las des, no hace falta. Esto… ya sabes, lo hago como buen ninja que soy.
- Hahahahaha sí. Bueno, te tendrás que ir yendo o sino, no llegarás a tiempo, aunque un poco justa vas a llegar…
- Da igual, que espere.- Dije riendo.- Pues ya nos veremos. Pásalo bien esta noche.
- Um… lo haré.
- No bebas mucho.
- Sí mamá.
- Idiota. Encima de que me preocupo por ti.- Dije haciéndome la ofendida.
- Es que soy un adolescente en pleno cambio hormonal. Estoy descontrolado.
- Esto ya en serio, si necesitas algo o alguien con quien hablar, no dudes en pensar en mí.
Los dos comenzamos a reír y antes de que Doug saliese del coche, le di un pequeño abrazo. Durante ese corto momento, una pequeña sonrisa se instaló en mi cara cuando Doug susurró en mi oído ‘Gracias por todo pequeña’.
**
domingo, 31 de julio de 2011
Capítulo IX
Cerré la puerta y me senté en el suelo. Necesitaba aclararme en todos los aspectos. Sabía que sentía algo por él. Algo diferente a lo que sentía hace dos escasos días; algo diferente a ‘es mi ídolo’. Cuando estaba con él era imposible que esa alegría o incluso mi timidez desapareciesen un segundo.
Tenía miedo. Ese simple miedo a saber lo que él sentía. No quería precipitarme. No quería hacerle daño… Me volví a calzar y cogí la cazadora. Fui a sacar a Luna. La noche era fría y parecía que iba a llover tarde o temprano. La di un paseo hasta el parque al que siempre iba con ella. De camino a casa comenzó a sonar mi móvil.
- ¿Sí?
- Cantia, que soy Gabriel.- Respodió animadamente.
- ¿Gabriel? Oh Dios mío, cuanto tiempo sin hablar contigo. Que sepas que por aquí se te echa de menos. Ya me dijo Silvia que te habías ido a estudiar a Madrid…
- Sí, conseguí la beca. Yo también te echo de menos enana. ¿Qué tal te va?
- Pues genial. Todo genial. Jo, te quiero ver que te tengo que contar una cosa importante…
- Pues me verás, porque ¿sabes qué?
- Dime.- Contesté eufórica.
- Que mañana a las cinco de la tarde cojo un vuelo a Londres para verte.
- No me lo creo… ¿En serio?.- Dije gritando.
- ¡Sí!.- Contestó mientras se reía.
- Pues vienes a mi casa que ya sabes que aquí hay una cama para ti tontín.
- Of course!! (aclaro: estábamos hablando en Español)
- ¿Y cuánto tiempo te quedas?
- Pues nada… llego mañana y me voy pasado por la noche… Aprovecho que el Lunes no tengo que ir a la facultad. Me apetecía hacerte una visita y ver que tal te iba la vida…
- Bueno, algo es algo.
- Pues sí… Bueno Canti, que me tengo que ir que he quedado con estos para salir a tomar algo, ¿vale?
- Vale, tranquilo. Salúdales de mi parte.
- Lo haré. Mañana nos vemos.
- Olle, ¿te voy a buscar?
- No hace falta, ya pillo un taxi y llego hasta tu casa que ya me diste la dirección.
- Ah no, dime a que hora llegas que yo te voy a buscar.
- Que cabezona eres…
- Ajá, ya lo sabes tú bien.
- Pues el vuelo llega a las siete menos cuarto de la tarde.
- Vale, allí estaré.
- Hasta mañana enana.
- Te quiero.
- Y yo.
Colgué. Gabriel era mi mejor amigo. Desde que teníamos escasamente doce años habíamos sido, él, Silvia y yo, un apoyo mutuo. Gabriel me había apoyado en cada aspecto, error y momento de mi vida. Habíamos compartido cada alegría desde entonces. Le echaba de menos. Llevaba sin verle desde que vine a Londres pero hace años juramos que siempre seríamos mejores amigos, los tres. Tenía que contarle lo de Doug.
Llegué a casa y subí a ducharme y ponerme el pijama. Eran las nueve menos cuarto y no tenía hambre. Cenaría después. Luna estaba tirada encima de mi cama durmiendo placidamente. A veces la envidiaba. . Me apetecía conectarme a Tuenti y Twitter. Quería ponerme al día. Cogí el portátil y entré en Twitter. Leí algún nuevo Tweet de Tom comunicando lo que había sido su día con Giovanna. Le había pedido matrimonio la noche anterior. Eran perfectos. Hablé con algunas amigas de España y antes de desconectarme volví a mirar la cronología. Dougie había escrito un nuevo Tweet.
‘Tarde perfecta, día perfecto. A cenar con los tortolitos’
Mi cuerpo se estremeció. Era imposible que hubiese escrito eso. Cerré sesión y me conecté al Tuenti. Silvia estaba conectada y estuvimos hablando con la Cam puesta durante una hora o más… La conté todo lo que había pasado hoy y Silvia no paraba de sonreír. Sabía lo que me pasaba. La enseñé la canción que había cantado a Dougie esta tarde y hablé con ella sobre la llamada de Gabriel. Silvia ya lo sabía y al principio iba a ir con él para darme una sorpresa, pero no pudo porque el Lunes tenía un examen del nuevo temario en la facultad. Nos despedimos y puse el reproductor de música. Sonaba ‘Crash’ de Sum 41. Esa canción me hacía pensar demasiado así que subí el volumen y fui hacia la cocina. Eran las diez y mi estómago ya comenzaba a quejarse. Preparé una tortilla de patata. Me había salido un poco grande así que lo que sobraría hoy, lo comería mañana con Gabriel. Me serví dos pinchos con un poco de ensalada que había preparado también. La tortilla me había salido buenísima. Fui a cenar al salón y apagué el reproductor. Encendía la televisión y puse MTV. Estaban dando Plain Jane. Cené y fui a la cocina. Puse el lavaplatos y cogí el móvil del bolso. Estaba cansada. Hoy me había levantado temprano. Miré las llamadas y tenía una de esta tarde. Era Kate, una compañera de clase y una buena amiga. Al ver que no había cogido me había enviado un sms.
‘ Cantia, ¿sales esta noche conmigo y algunos más? Por favor, contéstame que a saber lo que estarías haciendo tú antes… chst! ,
Unbeso, Kate Xxx’
‘ Pequeña guarra. Pues es que no te he podido coger porque estaba viendo una película y tenía el móvil en silencio… Sé que es tarde y que ahora mismo estarás ya por ahí pero no iba a salir de todas formas. Estoy muy cansada.
Otro para ti cariño. ‘
Después de contestarla subí a mi habitación y dejé al móvil en la mesita. Retiré a Luna de encima de los cojines y me metí en la cama. En poco tiempo me quedé dormida pero el sonido de mi móvil me despertó. Me habían mandado un sms. Esperaba que fuese urgente como para despertarme de mi plácido sueño. Antes que nada miré el reloj. Las once menos cinco. Vale, el que hubiese sido tenía la disculpa de que para ser sábado, era pronto. Pensé que Kate me habría respondido pero no fue así. El mensaje provenía de un número que no conocía y que en mi agenda ponía en el nombre ‘ Mr. X ‘
‘ Buenas noches,
Mr. X quería comunicarle que se lo ha pasado genial el día de hoy y que cuando menos se lo espere, señorita, le tendrá molestándole. Sin más dilación,
Un saludo Ms. Pecas ‘
‘ Querido Mr. X,
Quería comunicarle que a despertado a ¿Ms. Pecas? Yo también me lo he pasado genial y ¿cuándo menos me lo espere? Que miedo me das…
Otro saludo para usted Mr. X
PD: ¿Cómo has conseguido mi número? ‘
Estuve esperando un mensaje de vuelta durante diez minutos pero no llegó. Este era idiota. Volví a dormirme.
Comenzó a sonar el timbre sin parar. Me desperté y miré la hora en el móvil. Por favor, eran las siete y media de la mañana y las gotas de agua sacudían mi ventana. Sí, estaba lloviendo.
-¡¡No pienso levantarme de la cama, que por cierto, se está muy bien, para abrir a nadie!!.- Dije a pleno grito.
La puerta siguió sonando. No iba a bajar. Seguramente haría frío y no me apetecía levantarme. Todavía no. No paraban de llamar a la puerta, cada vez más fuerte y Luna comenzó a ladrar. Escondí mi cabeza entre los cojines. Me estaba empezando a doler la cabeza. Cogí el edredón de la cama y me tapé con él. No me equivocaba, hacía frío.
- Podrías parar de llamar a la puerta , ¿no?.- Dije gritando mientras bajaba las escaleras.
Antes de abrir la puerta fui al pequeño baño de abajo. Tenía los ojos a medio abrir y mi pelo estaba atado en un pequeño moño bajo. Sí, todo lo que la expresión dice ‘me acabo de levantar de la cama’. Llevaba un pantalón de pijama largo y demasiado ancho pero la camiseta era una simple básica blanca de tirantes. Menos mal que me había envuelto con el edredón porque sino hubiese muerto de hipotermia (?) Salí y abrí la puerta. Vale, ahora entendía su mensaje… Dougie estaba sentado en el suelo dando golpes con la cabeza a la puerta. Al abrirla Dougie se cayó para atrás.
- Buenos días Ms. Pecas.- Dijo tumbado en el suelo sonriendo y mirando hacia arriba.
- ¿Buenos días? Dougie, ¿ves normal que me haya tenido que levantar de la cama con el frío que hace a las siete de la mañana un domingo?.- Dije todavía enfadada pero no pude contener la risa al verle en esa situación.
- Pues no, muy normal no es pero ya sabes, soy Dougie, no soy normal.- Dijo riendo.
Le tendí la mano para poder ayudarle a levantarse. Antes de entrar cogió unas cuantas cosas del suelo.
- ¿Qué es eso que traes?.- Pregunté curiosa.
- Mi bajo, mi móvil y una bolsa llena de galletas de chocolate. Pero llena llena, ¿eh?
A la vez que iba nombrando los objetos los levantaba con las manos.
- Vale, pero, ¿Tu bajo? Porque supongo que la bolsa llena de galletas de chocolate, ‘pero llena llena, ¿eh?’, sea para desayunar.- Dije riendo.
- ¿Para qué va a ser? Para tocarle.- Dijo riendo.- Bueno, como dijiste que algún día te gustaría aprender a tocar el bajo y no estuviste muy convencida de mi propuesta, soy tu profesor a la fuerza.
- Vale profesor.- Dije riéndome.
Entramos y le dije que dejase el bajo en el salón. Fuimos a la cocina.
- ¿Qué quieres para desayunar?.- Pregunté bostezando.
- ¿Tienes Nesquik?.- Dijo también bostezando.- Con las galletas estará JAHDASHDASJLK.- Comenzó a babear.
- ¡Wiiiii!.- Dije sonriendo.
- Vale, me lo tomaré como un sí.- Comenzó a reírse.- Pero antes déjame preguntarte, ¿esa es la nueva moda en pijamas?
Sí, se me había olvidado por completo que llevaba el edredón de la cama tapándome por completo.
- No Dougie, no. Pero lo pondré en mi lista de ‘cosas que hacer antes de morir.- Comencé a reír sin poder parar.- A ver, como comprenderás es Abril y está lloviendo, además de que es muy pronto.- Le miré de una manera amenazante.- Todo eso equivale a que tengo mucho frío por las mañanas pero bueno, ahora ya no tanto.- Me quité el edredón y le tiré en el suelo.
- No hay quién te entienda…
Doug comenzó a reírse y yo con él. Al oírnos, Luna bajó rápidamente a dar los buenos días para después volver a tirarse en el edredón que estaba en el suelo. Cogí dos tazas y preparé los Nesquik. Los metí en el microondas y me senté en la silla que había libre en la cocina. Apoyé mi cabeza en mi mano y fui cerrando los ojos.
- ¡I NEEEEED A WOMAAAAAN!.- Comenzó a cantar Dougie a grito pelado.
- Tío, ya sabemos que andas desesperado pero déjame descansar un rato.
- Que sepas que me he levantado a las seis de la mañana para que Tom no se enterase de que le he robado la caja de las galletas.- Comenzó a reírse.
- Estás loco… Que sepas, que ayer estuve diez minutos esperando un mensaje de vuelta cuando podía haber estado durmiendo. Já.
- Me apetecía dejarte con la intriga.- Dijo guiñándome un ojo.
El pitido del microondas interrumpió la conversación. Me levanté dispuesta a sacar las dos tazas de él pero Dougie fue más rápido.
- ¡Au, Dios! Quema, quema.- Dijo gritando.
Empecé a reírme de una manera un tanto escandalosa siendo observada por Dougie con una mirada un tanto extraña. Dejó las tazas en la mesa de la cocina y sacó las galletas. Yo fui a la nevera y saqué mi bote de nata montada.
- ¿Tú también lo haces?.- Dijo Doug sonriendo.
- ¿El qué?
Dougie cogió la nata y la echó en su taza. Cogió tres galletas y las metió dentro para después llevárselas a la boca.
- Esto.- Dijo con la boca llena.
- ¡Sí!.- Dije con una sonrisa en la cara.- Pero yo las galletas me las como de una en una.
- Están más buenas de tres en tres. Hazme caso.
- Después lo pruebo. Bueno, contesta. ¿Cómo conseguiste mi número?.- Dije dando un sorbo a mi estupendo desayuno.
- Pues hombre, lógico es. Mientras tú estabas en el baño, cogí tu móvil y le apunté y después te apunté el mío. Joder, los bigotes me persiguen.
- Ah vale, que listo eres Dougie.- Dije riéndome.- ¿Los bigotes?
- Sí. Tom quiere dejarse bigote para dentro de un mes… y tú ahora tienes uno comestible.- Dijo con cara pensativa.
Comencé a reírme y pasé mi lengua por el supuesto ‘bigote’ de nata.
- ¿Así está bien?
- Sí, aunque estabas muy graciosa con el bigote.
Desayunamos entre risas, bromas y miradas. Después de desayunar, Dougie recogió las tazas y se dispuso a fregar.
- Idiota. hay lavaplatos.
- Ñañañañaña
- Eres tonto de verdad.- Comencé a reírme.- Así limpiaba, así así. Así limpiaba, así así, Así limpiaba, así así. Así limpiaba que yo la ví…- Dije cantando en español.
- Cantia, no me he enterado de nada.- Dijo dando pena.
- Nada Doug, que estás muy sexy fregando platos.- Dije riéndome.
- Ya, ya sabía yo que te ponía que fregase los platos.- Dijo con todo el ego posible.
- Sí Doug, mucho.- Dije riendo.
Me senté en la silla esperando a que acabase Doug y recogí el edredón para después llevarlo al salón.
- Acabe.- Dijo emocionado y salpicándome con las manos.
- ¿Por qué me haces esto?.- Dije poniendo morritos.
- No das pena.- Dijo riéndose.
- Eres odioso.
- Gracias.- Dijo todavía riendo.
Fuimos al salón y nos sentamos en el sofá. Doug cogió su bajo y lo sacó de su funda.
- ¡Oh por Tom! Es tu bajo azul. MUEROME.- Dije tragando saliva.
- Vale… Sí, es él.- Dijo riendo.- Toma, cógelo.
Cogí el bajo. El bajo que tantas veces había visto a través de la pantalla del ordenador. Le puse en posición y pasé mis dedos por cada cuerda haciendo que el simple sonido que salió, hiciese que la piel se me erizase.
- Bien, suena bien. Cantia, ¿tienes frío?
- No, no, estoy bien. Lo que pasa es que, es perfecto.
- Sí, ya lo sabía.- Comenzó a reírse.- Bueno, primero te enseñaré el sonido que da cada nota. La primera es sol, la segunda re, la tercera la y la cuarta es mi. Compruébalo.
Toqué cada cuerda y escuché cada nota. Disfrutando de aquello fantásticos segundos. Comprobando el timbre y sonido. Doug me enseñó algunos ritmos y algunas posiciones de los dedos en los trastes.
- A ver, tienes que colocar el dedo índice en el segundo traste en la cuerda de sol y pasar al sexto con el anular.
- ¿Así?.- Le mostré lo que me había enseñado.
- Más o menos mira.- Dijo riéndose.
Llevo sus manos hasta mi mano izquierda. Aquel simple roce hizo que un escalofrío se adueñara de mí y que nuestras miradas se encontrasen. Pude escuchar como Dougie tragaba saliva y noté como comenzaba a ruborizarme. Bajé la mirada instintivamente y Doug me colocó la mano un poco más abierta para que pudiese llegar fácilmente al traste.
**
Siento que este capítulo sea tan... shit? Lo he dejado así porque necesito pensar en como continuar. La idea la tengo pero estoy trabada en desarrollarla... Muchas gracias a todas las que leéis y votáis, y gracias a esas personas que me ayudan día a día.
Se os quiere.
PD: Tardaré unos días en volver a subir porque necesito ir desarrollando la idea, pensar más que nada. Gracias.
Tenía miedo. Ese simple miedo a saber lo que él sentía. No quería precipitarme. No quería hacerle daño… Me volví a calzar y cogí la cazadora. Fui a sacar a Luna. La noche era fría y parecía que iba a llover tarde o temprano. La di un paseo hasta el parque al que siempre iba con ella. De camino a casa comenzó a sonar mi móvil.
- ¿Sí?
- Cantia, que soy Gabriel.- Respodió animadamente.
- ¿Gabriel? Oh Dios mío, cuanto tiempo sin hablar contigo. Que sepas que por aquí se te echa de menos. Ya me dijo Silvia que te habías ido a estudiar a Madrid…
- Sí, conseguí la beca. Yo también te echo de menos enana. ¿Qué tal te va?
- Pues genial. Todo genial. Jo, te quiero ver que te tengo que contar una cosa importante…
- Pues me verás, porque ¿sabes qué?
- Dime.- Contesté eufórica.
- Que mañana a las cinco de la tarde cojo un vuelo a Londres para verte.
- No me lo creo… ¿En serio?.- Dije gritando.
- ¡Sí!.- Contestó mientras se reía.
- Pues vienes a mi casa que ya sabes que aquí hay una cama para ti tontín.
- Of course!! (aclaro: estábamos hablando en Español)
- ¿Y cuánto tiempo te quedas?
- Pues nada… llego mañana y me voy pasado por la noche… Aprovecho que el Lunes no tengo que ir a la facultad. Me apetecía hacerte una visita y ver que tal te iba la vida…
- Bueno, algo es algo.
- Pues sí… Bueno Canti, que me tengo que ir que he quedado con estos para salir a tomar algo, ¿vale?
- Vale, tranquilo. Salúdales de mi parte.
- Lo haré. Mañana nos vemos.
- Olle, ¿te voy a buscar?
- No hace falta, ya pillo un taxi y llego hasta tu casa que ya me diste la dirección.
- Ah no, dime a que hora llegas que yo te voy a buscar.
- Que cabezona eres…
- Ajá, ya lo sabes tú bien.
- Pues el vuelo llega a las siete menos cuarto de la tarde.
- Vale, allí estaré.
- Hasta mañana enana.
- Te quiero.
- Y yo.
Colgué. Gabriel era mi mejor amigo. Desde que teníamos escasamente doce años habíamos sido, él, Silvia y yo, un apoyo mutuo. Gabriel me había apoyado en cada aspecto, error y momento de mi vida. Habíamos compartido cada alegría desde entonces. Le echaba de menos. Llevaba sin verle desde que vine a Londres pero hace años juramos que siempre seríamos mejores amigos, los tres. Tenía que contarle lo de Doug.
Llegué a casa y subí a ducharme y ponerme el pijama. Eran las nueve menos cuarto y no tenía hambre. Cenaría después. Luna estaba tirada encima de mi cama durmiendo placidamente. A veces la envidiaba. . Me apetecía conectarme a Tuenti y Twitter. Quería ponerme al día. Cogí el portátil y entré en Twitter. Leí algún nuevo Tweet de Tom comunicando lo que había sido su día con Giovanna. Le había pedido matrimonio la noche anterior. Eran perfectos. Hablé con algunas amigas de España y antes de desconectarme volví a mirar la cronología. Dougie había escrito un nuevo Tweet.
‘Tarde perfecta, día perfecto. A cenar con los tortolitos’
Mi cuerpo se estremeció. Era imposible que hubiese escrito eso. Cerré sesión y me conecté al Tuenti. Silvia estaba conectada y estuvimos hablando con la Cam puesta durante una hora o más… La conté todo lo que había pasado hoy y Silvia no paraba de sonreír. Sabía lo que me pasaba. La enseñé la canción que había cantado a Dougie esta tarde y hablé con ella sobre la llamada de Gabriel. Silvia ya lo sabía y al principio iba a ir con él para darme una sorpresa, pero no pudo porque el Lunes tenía un examen del nuevo temario en la facultad. Nos despedimos y puse el reproductor de música. Sonaba ‘Crash’ de Sum 41. Esa canción me hacía pensar demasiado así que subí el volumen y fui hacia la cocina. Eran las diez y mi estómago ya comenzaba a quejarse. Preparé una tortilla de patata. Me había salido un poco grande así que lo que sobraría hoy, lo comería mañana con Gabriel. Me serví dos pinchos con un poco de ensalada que había preparado también. La tortilla me había salido buenísima. Fui a cenar al salón y apagué el reproductor. Encendía la televisión y puse MTV. Estaban dando Plain Jane. Cené y fui a la cocina. Puse el lavaplatos y cogí el móvil del bolso. Estaba cansada. Hoy me había levantado temprano. Miré las llamadas y tenía una de esta tarde. Era Kate, una compañera de clase y una buena amiga. Al ver que no había cogido me había enviado un sms.
‘ Cantia, ¿sales esta noche conmigo y algunos más? Por favor, contéstame que a saber lo que estarías haciendo tú antes… chst! ,
Unbeso, Kate Xxx’
‘ Pequeña guarra. Pues es que no te he podido coger porque estaba viendo una película y tenía el móvil en silencio… Sé que es tarde y que ahora mismo estarás ya por ahí pero no iba a salir de todas formas. Estoy muy cansada.
Otro para ti cariño. ‘
Después de contestarla subí a mi habitación y dejé al móvil en la mesita. Retiré a Luna de encima de los cojines y me metí en la cama. En poco tiempo me quedé dormida pero el sonido de mi móvil me despertó. Me habían mandado un sms. Esperaba que fuese urgente como para despertarme de mi plácido sueño. Antes que nada miré el reloj. Las once menos cinco. Vale, el que hubiese sido tenía la disculpa de que para ser sábado, era pronto. Pensé que Kate me habría respondido pero no fue así. El mensaje provenía de un número que no conocía y que en mi agenda ponía en el nombre ‘ Mr. X ‘
‘ Buenas noches,
Mr. X quería comunicarle que se lo ha pasado genial el día de hoy y que cuando menos se lo espere, señorita, le tendrá molestándole. Sin más dilación,
Un saludo Ms. Pecas ‘
‘ Querido Mr. X,
Quería comunicarle que a despertado a ¿Ms. Pecas? Yo también me lo he pasado genial y ¿cuándo menos me lo espere? Que miedo me das…
Otro saludo para usted Mr. X
PD: ¿Cómo has conseguido mi número? ‘
Estuve esperando un mensaje de vuelta durante diez minutos pero no llegó. Este era idiota. Volví a dormirme.
Comenzó a sonar el timbre sin parar. Me desperté y miré la hora en el móvil. Por favor, eran las siete y media de la mañana y las gotas de agua sacudían mi ventana. Sí, estaba lloviendo.
-¡¡No pienso levantarme de la cama, que por cierto, se está muy bien, para abrir a nadie!!.- Dije a pleno grito.
La puerta siguió sonando. No iba a bajar. Seguramente haría frío y no me apetecía levantarme. Todavía no. No paraban de llamar a la puerta, cada vez más fuerte y Luna comenzó a ladrar. Escondí mi cabeza entre los cojines. Me estaba empezando a doler la cabeza. Cogí el edredón de la cama y me tapé con él. No me equivocaba, hacía frío.
- Podrías parar de llamar a la puerta , ¿no?.- Dije gritando mientras bajaba las escaleras.
Antes de abrir la puerta fui al pequeño baño de abajo. Tenía los ojos a medio abrir y mi pelo estaba atado en un pequeño moño bajo. Sí, todo lo que la expresión dice ‘me acabo de levantar de la cama’. Llevaba un pantalón de pijama largo y demasiado ancho pero la camiseta era una simple básica blanca de tirantes. Menos mal que me había envuelto con el edredón porque sino hubiese muerto de hipotermia (?) Salí y abrí la puerta. Vale, ahora entendía su mensaje… Dougie estaba sentado en el suelo dando golpes con la cabeza a la puerta. Al abrirla Dougie se cayó para atrás.
- Buenos días Ms. Pecas.- Dijo tumbado en el suelo sonriendo y mirando hacia arriba.
- ¿Buenos días? Dougie, ¿ves normal que me haya tenido que levantar de la cama con el frío que hace a las siete de la mañana un domingo?.- Dije todavía enfadada pero no pude contener la risa al verle en esa situación.
- Pues no, muy normal no es pero ya sabes, soy Dougie, no soy normal.- Dijo riendo.
Le tendí la mano para poder ayudarle a levantarse. Antes de entrar cogió unas cuantas cosas del suelo.
- ¿Qué es eso que traes?.- Pregunté curiosa.
- Mi bajo, mi móvil y una bolsa llena de galletas de chocolate. Pero llena llena, ¿eh?
A la vez que iba nombrando los objetos los levantaba con las manos.
- Vale, pero, ¿Tu bajo? Porque supongo que la bolsa llena de galletas de chocolate, ‘pero llena llena, ¿eh?’, sea para desayunar.- Dije riendo.
- ¿Para qué va a ser? Para tocarle.- Dijo riendo.- Bueno, como dijiste que algún día te gustaría aprender a tocar el bajo y no estuviste muy convencida de mi propuesta, soy tu profesor a la fuerza.
- Vale profesor.- Dije riéndome.
Entramos y le dije que dejase el bajo en el salón. Fuimos a la cocina.
- ¿Qué quieres para desayunar?.- Pregunté bostezando.
- ¿Tienes Nesquik?.- Dijo también bostezando.- Con las galletas estará JAHDASHDASJLK.- Comenzó a babear.
- ¡Wiiiii!.- Dije sonriendo.
- Vale, me lo tomaré como un sí.- Comenzó a reírse.- Pero antes déjame preguntarte, ¿esa es la nueva moda en pijamas?
Sí, se me había olvidado por completo que llevaba el edredón de la cama tapándome por completo.
- No Dougie, no. Pero lo pondré en mi lista de ‘cosas que hacer antes de morir.- Comencé a reír sin poder parar.- A ver, como comprenderás es Abril y está lloviendo, además de que es muy pronto.- Le miré de una manera amenazante.- Todo eso equivale a que tengo mucho frío por las mañanas pero bueno, ahora ya no tanto.- Me quité el edredón y le tiré en el suelo.
- No hay quién te entienda…
Doug comenzó a reírse y yo con él. Al oírnos, Luna bajó rápidamente a dar los buenos días para después volver a tirarse en el edredón que estaba en el suelo. Cogí dos tazas y preparé los Nesquik. Los metí en el microondas y me senté en la silla que había libre en la cocina. Apoyé mi cabeza en mi mano y fui cerrando los ojos.
- ¡I NEEEEED A WOMAAAAAN!.- Comenzó a cantar Dougie a grito pelado.
- Tío, ya sabemos que andas desesperado pero déjame descansar un rato.
- Que sepas que me he levantado a las seis de la mañana para que Tom no se enterase de que le he robado la caja de las galletas.- Comenzó a reírse.
- Estás loco… Que sepas, que ayer estuve diez minutos esperando un mensaje de vuelta cuando podía haber estado durmiendo. Já.
- Me apetecía dejarte con la intriga.- Dijo guiñándome un ojo.
El pitido del microondas interrumpió la conversación. Me levanté dispuesta a sacar las dos tazas de él pero Dougie fue más rápido.
- ¡Au, Dios! Quema, quema.- Dijo gritando.
Empecé a reírme de una manera un tanto escandalosa siendo observada por Dougie con una mirada un tanto extraña. Dejó las tazas en la mesa de la cocina y sacó las galletas. Yo fui a la nevera y saqué mi bote de nata montada.
- ¿Tú también lo haces?.- Dijo Doug sonriendo.
- ¿El qué?
Dougie cogió la nata y la echó en su taza. Cogió tres galletas y las metió dentro para después llevárselas a la boca.
- Esto.- Dijo con la boca llena.
- ¡Sí!.- Dije con una sonrisa en la cara.- Pero yo las galletas me las como de una en una.
- Están más buenas de tres en tres. Hazme caso.
- Después lo pruebo. Bueno, contesta. ¿Cómo conseguiste mi número?.- Dije dando un sorbo a mi estupendo desayuno.
- Pues hombre, lógico es. Mientras tú estabas en el baño, cogí tu móvil y le apunté y después te apunté el mío. Joder, los bigotes me persiguen.
- Ah vale, que listo eres Dougie.- Dije riéndome.- ¿Los bigotes?
- Sí. Tom quiere dejarse bigote para dentro de un mes… y tú ahora tienes uno comestible.- Dijo con cara pensativa.
Comencé a reírme y pasé mi lengua por el supuesto ‘bigote’ de nata.
- ¿Así está bien?
- Sí, aunque estabas muy graciosa con el bigote.
Desayunamos entre risas, bromas y miradas. Después de desayunar, Dougie recogió las tazas y se dispuso a fregar.
- Idiota. hay lavaplatos.
- Ñañañañaña
- Eres tonto de verdad.- Comencé a reírme.- Así limpiaba, así así. Así limpiaba, así así, Así limpiaba, así así. Así limpiaba que yo la ví…- Dije cantando en español.
- Cantia, no me he enterado de nada.- Dijo dando pena.
- Nada Doug, que estás muy sexy fregando platos.- Dije riéndome.
- Ya, ya sabía yo que te ponía que fregase los platos.- Dijo con todo el ego posible.
- Sí Doug, mucho.- Dije riendo.
Me senté en la silla esperando a que acabase Doug y recogí el edredón para después llevarlo al salón.
- Acabe.- Dijo emocionado y salpicándome con las manos.
- ¿Por qué me haces esto?.- Dije poniendo morritos.
- No das pena.- Dijo riéndose.
- Eres odioso.
- Gracias.- Dijo todavía riendo.
Fuimos al salón y nos sentamos en el sofá. Doug cogió su bajo y lo sacó de su funda.
- ¡Oh por Tom! Es tu bajo azul. MUEROME.- Dije tragando saliva.
- Vale… Sí, es él.- Dijo riendo.- Toma, cógelo.
Cogí el bajo. El bajo que tantas veces había visto a través de la pantalla del ordenador. Le puse en posición y pasé mis dedos por cada cuerda haciendo que el simple sonido que salió, hiciese que la piel se me erizase.
- Bien, suena bien. Cantia, ¿tienes frío?
- No, no, estoy bien. Lo que pasa es que, es perfecto.
- Sí, ya lo sabía.- Comenzó a reírse.- Bueno, primero te enseñaré el sonido que da cada nota. La primera es sol, la segunda re, la tercera la y la cuarta es mi. Compruébalo.
Toqué cada cuerda y escuché cada nota. Disfrutando de aquello fantásticos segundos. Comprobando el timbre y sonido. Doug me enseñó algunos ritmos y algunas posiciones de los dedos en los trastes.
- A ver, tienes que colocar el dedo índice en el segundo traste en la cuerda de sol y pasar al sexto con el anular.
- ¿Así?.- Le mostré lo que me había enseñado.
- Más o menos mira.- Dijo riéndose.
Llevo sus manos hasta mi mano izquierda. Aquel simple roce hizo que un escalofrío se adueñara de mí y que nuestras miradas se encontrasen. Pude escuchar como Dougie tragaba saliva y noté como comenzaba a ruborizarme. Bajé la mirada instintivamente y Doug me colocó la mano un poco más abierta para que pudiese llegar fácilmente al traste.
**
Siento que este capítulo sea tan... shit? Lo he dejado así porque necesito pensar en como continuar. La idea la tengo pero estoy trabada en desarrollarla... Muchas gracias a todas las que leéis y votáis, y gracias a esas personas que me ayudan día a día.
Se os quiere.
PD: Tardaré unos días en volver a subir porque necesito ir desarrollando la idea, pensar más que nada. Gracias.
viernes, 29 de julio de 2011
Capítulo VIII
Narra Doug:
Salí del portal todavía sin saber muy bien lo que había pasado ese día. Tenía miedo a volver a sentir eso que algún día acabó, por llamarlo así, conmigo durante una temporada… No quería volver a pasar por eso, nunca más. Llamé a Tom para ver si ya estaba en casa. Tenía que hablar con él antes que con ninguno de los demás.
- Ei Tom, ¿dónde andas?
- Pues… ahora mismo estoy poniendo la comida a Marvin, ¿y tú?
- Em.. De camino a casa. Ahora mismo llego. Tengo que hablar contigo.
- Vale, aquí te espero.
Colgué y comencé a caminar hacia casa de Tom. Sabía que iba a estar Giovanna pero también me apetecía que ella me escuchase. Ella me había apoyado demasiado desde el principio de McFly, tenía que saber esto la primera. Durante el camino unas cuantas fans me pararon para que las firmara un autógrafo o cualquier objeto que tuviesen a mano, además de echarse una foto conmigo.
Durante el camino estuve pensando en lo que sentía. Cantia me hacía olvidarme de todos los problemas. Sólo existíamos nosotros cuando estábamos juntos. Con cada sonrisa, mirada… con cada escalofrío que recorría su cuerpo mi felicidad se despertaba cada vez más después de haber pasado tanto tiempo escondida. Ese sentimiento sabía perfectamente lo que significaba pero me daba miedo reconocerlo, lo admito. Sé que por pequeño que fuese ahora, sería el principio de algo por lo que me levantaría cada día con una sonrisa al recordarla a ella. También temía a que ella no sintiese nada por mí… que solo me viese, no solo como ídolo, sino también como un amigo.
Llegué a casa de Tom y abrí la puerta. En seguida tuve a Aurora ronroneando por mis piernas. Lo de esa gata conmigo era… ella y yo lo sabemos ;)
- Doug, ¿eres tú?
- Sí Gi, tranquila.- Dije riendo.
A los pocos segundos llego Marvin y me saludó con su típico maullido de todos los días. Dejé la chaqueta en el muebles de la entrada y cogí a Aurora y a Marvin en brazos. Llegué al salón y pude ver como Leia estaba tumbada en uno de los cojines del sofá durmiendo. Dejé a los dos gatos al lado de ella y fui hasta la cocina donde estaban Gio y Tom preparando la cena.
- ¡Dougie!.- Dijo Giovanna con su sonrisa.
- Shh… Antes de nada quiero felicitaros por vuestro compromiso.
Me dirigí donde ella estaba y la di un pequeño abrazo, después fui donde Tom e hice lo mismo.
- Gracias tío.- Dijo Tom con una sonrisa.
- Me alegro muchísimo de verdad, ya era hora Tom jo… digo jopé.
- Ya te iba a decir yo.- Dijo Tom con una mirada asesina.
- De verdad Tom…- Dijo Gi riéndose.- Muchas gracias cariño. Esta noche cenaremos nosotros solos pero mañana ya hemos quedado con Harry, Izzy, Danny y Geo para cenar, ¿vienes, no?
- Por supuesto.- Dije con una sonrisa.- Tenía que hablaros sobre un tema…
- Sí, por supuesto.- Dijeron Tom y Gi a la vez.
- La cena ya está lista.- Dijo Giovanna.- Id a poner la mesa mientras sirvo los platos vagos.- Dijo riéndose.
- Sí mamá.
El ex-gordito y yo fuimos poniendo la mesa.
- Doug, ¿de qué quieres hablar?.- Dijo interesado.
- Es sobre alguien…
- Sorpréndeme.- Dijo con una sonrisa.
- Vale, es sobre una chica que conocí ayer… ya os lo explicaré durante la cena.
- Vaaalee.- Dijo Tom rendido.
Gio llegó con los platos y la ayudé a colocarlos. Comenzamos a cenar y Tom rompió el hielo. Que rápido era cuando quería…
- Bueno Doug, ¿qué querías contarnos?.- Acabó esa frase y sonrió.
- Gracias Tom.- Dije con una mirada asesina.- Pues a ver, quería deciros que ayer conocí a una chica de una manera especial…
- OMG!!
- Tom calla, deja que se explique. Aquí no habla nadie hasta que Doug acabe.
Tom la miró poniendo pucheritos y Gio le sonrió y se dieron un pequeño beso.
Les conté toda la historia, desde el gracioso encuentro en el supermercado hasta lo ocurrido este día. Giovanna y Tom escuchaban atentos y Gio añadía a toda esa mirada una sonrisa que yo ya conocía…
- Si… entiendo…- añadió Tom.
- Ains.- Dijo Giovanna sonriendo.- ¿Y cómo es ella?
- Pues a ver… Tom, si te digo que es Española te haces una idea , ¿no?
- Sí, pero explícate.
- Em…
Comencé a ponerme nervioso y sin quererlo una sonrisa apareció en mi cara… Doug, eres idiota.
- Dougie, empieza que no te vamos a comer.- Dijo Gi riéndose.
- Ya, si ya lo sé… Pues es un poco más baja que yo. Tiene el pelo largo negro con pequeñas ondas, unos ojos marrón miel…
- Si Doug, que te encanta y que es perfecta, ¿no?.- Dijo Tom interrumpiendo y riendo.
- Ja ja já, que gracia…
- Ajá, ¿y cómo es moralmente? ¿sus gustos?
- Es divertida, alegre, atenta y no sé, no he podido descubrir más facetas suyas… Sus gustos, pues le encanta la música. Toca el piano y la guitarra y compone pequeñas canciones que, por cierto, esta tarde me toco una y es alucinante como canta y toca con el sentimiento de cada canción… ¿Más?
Tom y Giovanna asintieron con la cabeza.
- Vale… está licenciada en piano y canto. Tiene veinte años. Estudia aquí en la universidad. Le gustaría ser policía científica. Le gustan los reptiles y los nuevos sabores. Sí, le enseñé nuestras deliciosas recetas Tom. Y tú, Danny, Harry y yo somos sus ídolos desde la primera vez que oyó hablar de nosotros en España.
- Doug, ya sabes lo que hay, ¿verdad?.- Preguntó Tom.- Me refiero a que sabes lo que te está pasando… ¿o me equivoco?
- Tengo miedo a reconocerlo. No quiero volver a pasarlo mal y me gustaría saber vuestra opinión antes que la de los demás…
- No te voy a decir lo típico de ‘pues ella solo te va a querer por ser tú’ Dougie, tienes que ser tú el que se de cuenta de en realidad lo que siente ella y por quién.- Dijo Giovanna cogiéndome la mano.
- Yo opino lo mismo Dougie. Solo te pido que por favor, con calma, y que ya sabes que nos tendrás a nosotros para todo lo que necesites.- Añadió Tom sonriente.
- Muchas gracias de verdad, gracias por todo lo que habéis hecho por mí.
- Dougie, no hace falta que nos las des. Lo hacemos porque te queremos y nos importa tu felicidad. Todos queremos volver a ver a ese Dougie sonriente, despreocupado, ya sabes, a nuestro Dougie.
Giovanna siempre me iba a apoyar, siempre. Nunca sabré como la agradeceré todo lo que había hecho por mí; me levanté y les di una abrazo a cada uno. Mañana se lo contaría a los demás.
- Bueno, ¿y qué queréis hacer esta noche?.- Preguntó Tom.
- Puff… pues creo que tendríamos que ir mirando lo de los invitados, ir quedando para ver fechas para la boda, restaurante y demás.
- Es verdad…
- Dougie, ¿ayudas a Tom a ir apuntando los invitados?.- Pregunto Gio mientras se levantaba y recogía la mesa.
- Por supuesto pero deja que te ayude a recoger los platos.- Dije levantándome.
- No, no hace falta. Cuanto antes empecéis, antes acabáis. Además, yo después me conectaré un poco a ir mirando horarios de restaurantes y eso, ya sabéis.
Tom y yo nos sentamos en el sofá con un par de cervezas cada uno y le ayudé a escribir lo de los invitados… más que ayudar el pensaba en alto y yo en ocasiones decía sí o no. Estuve viendo la televisión junto a los gatos la mayor parte del tiempo que estuvimos allí. Al acabar dejé a Tom y Giovanna en el salón y subí a coger una de las guitarras para ir a mi habitación. Miré el reloj. Las once menos cinco. Me cambié y me puse el pantalón del pijama. Pillé la guitarra de encima de la cama y cogí el móvil y la escribí un mensaje. No era muy tarde, estaría despierta.
**
Buenas ^^ Pues que ayer tenía pensado subir pero era mi cumpleaños y no tuve casi tiempo para terminar de escribir el capítulo. Sé que a muchas este capítulo se os hará eterno porque el punto de vista es de Doug y no pasa nada... pero era necesario escribir un capítulo desde la perspectiva de Dougie. Siento decepcionaros a otras tantas porque en capítulos anteriores no ha habido lo que queríais, el beso, pero veo muy precipitado esa idea todavía, casi no se conocen. Y nada más que decir, muchas gracias por leer y votar ya que comentarios... cero :P Gracias a Laura López, Elara y Selene (te echo mucho de menos) por apoyarme a escribir y Elara, gracias por sacarme de mis pequeñas dudas. A Vir, Paula y Ángela por animarme y porque sí Harry xD
Gracias a todos. Que no me puedo pasar escribiendo algo a cada una de vosotras :)
Salí del portal todavía sin saber muy bien lo que había pasado ese día. Tenía miedo a volver a sentir eso que algún día acabó, por llamarlo así, conmigo durante una temporada… No quería volver a pasar por eso, nunca más. Llamé a Tom para ver si ya estaba en casa. Tenía que hablar con él antes que con ninguno de los demás.
- Ei Tom, ¿dónde andas?
- Pues… ahora mismo estoy poniendo la comida a Marvin, ¿y tú?
- Em.. De camino a casa. Ahora mismo llego. Tengo que hablar contigo.
- Vale, aquí te espero.
Colgué y comencé a caminar hacia casa de Tom. Sabía que iba a estar Giovanna pero también me apetecía que ella me escuchase. Ella me había apoyado demasiado desde el principio de McFly, tenía que saber esto la primera. Durante el camino unas cuantas fans me pararon para que las firmara un autógrafo o cualquier objeto que tuviesen a mano, además de echarse una foto conmigo.
Durante el camino estuve pensando en lo que sentía. Cantia me hacía olvidarme de todos los problemas. Sólo existíamos nosotros cuando estábamos juntos. Con cada sonrisa, mirada… con cada escalofrío que recorría su cuerpo mi felicidad se despertaba cada vez más después de haber pasado tanto tiempo escondida. Ese sentimiento sabía perfectamente lo que significaba pero me daba miedo reconocerlo, lo admito. Sé que por pequeño que fuese ahora, sería el principio de algo por lo que me levantaría cada día con una sonrisa al recordarla a ella. También temía a que ella no sintiese nada por mí… que solo me viese, no solo como ídolo, sino también como un amigo.
Llegué a casa de Tom y abrí la puerta. En seguida tuve a Aurora ronroneando por mis piernas. Lo de esa gata conmigo era… ella y yo lo sabemos ;)
- Doug, ¿eres tú?
- Sí Gi, tranquila.- Dije riendo.
A los pocos segundos llego Marvin y me saludó con su típico maullido de todos los días. Dejé la chaqueta en el muebles de la entrada y cogí a Aurora y a Marvin en brazos. Llegué al salón y pude ver como Leia estaba tumbada en uno de los cojines del sofá durmiendo. Dejé a los dos gatos al lado de ella y fui hasta la cocina donde estaban Gio y Tom preparando la cena.
- ¡Dougie!.- Dijo Giovanna con su sonrisa.
- Shh… Antes de nada quiero felicitaros por vuestro compromiso.
Me dirigí donde ella estaba y la di un pequeño abrazo, después fui donde Tom e hice lo mismo.
- Gracias tío.- Dijo Tom con una sonrisa.
- Me alegro muchísimo de verdad, ya era hora Tom jo… digo jopé.
- Ya te iba a decir yo.- Dijo Tom con una mirada asesina.
- De verdad Tom…- Dijo Gi riéndose.- Muchas gracias cariño. Esta noche cenaremos nosotros solos pero mañana ya hemos quedado con Harry, Izzy, Danny y Geo para cenar, ¿vienes, no?
- Por supuesto.- Dije con una sonrisa.- Tenía que hablaros sobre un tema…
- Sí, por supuesto.- Dijeron Tom y Gi a la vez.
- La cena ya está lista.- Dijo Giovanna.- Id a poner la mesa mientras sirvo los platos vagos.- Dijo riéndose.
- Sí mamá.
El ex-gordito y yo fuimos poniendo la mesa.
- Doug, ¿de qué quieres hablar?.- Dijo interesado.
- Es sobre alguien…
- Sorpréndeme.- Dijo con una sonrisa.
- Vale, es sobre una chica que conocí ayer… ya os lo explicaré durante la cena.
- Vaaalee.- Dijo Tom rendido.
Gio llegó con los platos y la ayudé a colocarlos. Comenzamos a cenar y Tom rompió el hielo. Que rápido era cuando quería…
- Bueno Doug, ¿qué querías contarnos?.- Acabó esa frase y sonrió.
- Gracias Tom.- Dije con una mirada asesina.- Pues a ver, quería deciros que ayer conocí a una chica de una manera especial…
- OMG!!
- Tom calla, deja que se explique. Aquí no habla nadie hasta que Doug acabe.
Tom la miró poniendo pucheritos y Gio le sonrió y se dieron un pequeño beso.
Les conté toda la historia, desde el gracioso encuentro en el supermercado hasta lo ocurrido este día. Giovanna y Tom escuchaban atentos y Gio añadía a toda esa mirada una sonrisa que yo ya conocía…
- Si… entiendo…- añadió Tom.
- Ains.- Dijo Giovanna sonriendo.- ¿Y cómo es ella?
- Pues a ver… Tom, si te digo que es Española te haces una idea , ¿no?
- Sí, pero explícate.
- Em…
Comencé a ponerme nervioso y sin quererlo una sonrisa apareció en mi cara… Doug, eres idiota.
- Dougie, empieza que no te vamos a comer.- Dijo Gi riéndose.
- Ya, si ya lo sé… Pues es un poco más baja que yo. Tiene el pelo largo negro con pequeñas ondas, unos ojos marrón miel…
- Si Doug, que te encanta y que es perfecta, ¿no?.- Dijo Tom interrumpiendo y riendo.
- Ja ja já, que gracia…
- Ajá, ¿y cómo es moralmente? ¿sus gustos?
- Es divertida, alegre, atenta y no sé, no he podido descubrir más facetas suyas… Sus gustos, pues le encanta la música. Toca el piano y la guitarra y compone pequeñas canciones que, por cierto, esta tarde me toco una y es alucinante como canta y toca con el sentimiento de cada canción… ¿Más?
Tom y Giovanna asintieron con la cabeza.
- Vale… está licenciada en piano y canto. Tiene veinte años. Estudia aquí en la universidad. Le gustaría ser policía científica. Le gustan los reptiles y los nuevos sabores. Sí, le enseñé nuestras deliciosas recetas Tom. Y tú, Danny, Harry y yo somos sus ídolos desde la primera vez que oyó hablar de nosotros en España.
- Doug, ya sabes lo que hay, ¿verdad?.- Preguntó Tom.- Me refiero a que sabes lo que te está pasando… ¿o me equivoco?
- Tengo miedo a reconocerlo. No quiero volver a pasarlo mal y me gustaría saber vuestra opinión antes que la de los demás…
- No te voy a decir lo típico de ‘pues ella solo te va a querer por ser tú’ Dougie, tienes que ser tú el que se de cuenta de en realidad lo que siente ella y por quién.- Dijo Giovanna cogiéndome la mano.
- Yo opino lo mismo Dougie. Solo te pido que por favor, con calma, y que ya sabes que nos tendrás a nosotros para todo lo que necesites.- Añadió Tom sonriente.
- Muchas gracias de verdad, gracias por todo lo que habéis hecho por mí.
- Dougie, no hace falta que nos las des. Lo hacemos porque te queremos y nos importa tu felicidad. Todos queremos volver a ver a ese Dougie sonriente, despreocupado, ya sabes, a nuestro Dougie.
Giovanna siempre me iba a apoyar, siempre. Nunca sabré como la agradeceré todo lo que había hecho por mí; me levanté y les di una abrazo a cada uno. Mañana se lo contaría a los demás.
- Bueno, ¿y qué queréis hacer esta noche?.- Preguntó Tom.
- Puff… pues creo que tendríamos que ir mirando lo de los invitados, ir quedando para ver fechas para la boda, restaurante y demás.
- Es verdad…
- Dougie, ¿ayudas a Tom a ir apuntando los invitados?.- Pregunto Gio mientras se levantaba y recogía la mesa.
- Por supuesto pero deja que te ayude a recoger los platos.- Dije levantándome.
- No, no hace falta. Cuanto antes empecéis, antes acabáis. Además, yo después me conectaré un poco a ir mirando horarios de restaurantes y eso, ya sabéis.
Tom y yo nos sentamos en el sofá con un par de cervezas cada uno y le ayudé a escribir lo de los invitados… más que ayudar el pensaba en alto y yo en ocasiones decía sí o no. Estuve viendo la televisión junto a los gatos la mayor parte del tiempo que estuvimos allí. Al acabar dejé a Tom y Giovanna en el salón y subí a coger una de las guitarras para ir a mi habitación. Miré el reloj. Las once menos cinco. Me cambié y me puse el pantalón del pijama. Pillé la guitarra de encima de la cama y cogí el móvil y la escribí un mensaje. No era muy tarde, estaría despierta.
**
Buenas ^^ Pues que ayer tenía pensado subir pero era mi cumpleaños y no tuve casi tiempo para terminar de escribir el capítulo. Sé que a muchas este capítulo se os hará eterno porque el punto de vista es de Doug y no pasa nada... pero era necesario escribir un capítulo desde la perspectiva de Dougie. Siento decepcionaros a otras tantas porque en capítulos anteriores no ha habido lo que queríais, el beso, pero veo muy precipitado esa idea todavía, casi no se conocen. Y nada más que decir, muchas gracias por leer y votar ya que comentarios... cero :P Gracias a Laura López, Elara y Selene (te echo mucho de menos) por apoyarme a escribir y Elara, gracias por sacarme de mis pequeñas dudas. A Vir, Paula y Ángela por animarme y porque sí Harry xD
Gracias a todos. Que no me puedo pasar escribiendo algo a cada una de vosotras :)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)